Definición de Heterosexualidad y Homosexualidad

El género es un elemento que forma parte de nuestras vidas y que podemos decir que está en constante debate y construcción. La elección de ese género, que es aquello que define nuestro interés sexual, nos puede hacer heterosexuales (es decir, sentir atracción por personas del sexo opuesto), homosexuales (atracción por personas del mismo sexo) y otras variantes que pueden incluir la bisexualidad, el transgénero, etc. Las dos primeras que hemos mencionado aquí son las que más se conocen y entenderlas correctamente es muy importante.

El género que determina nuestros gustos y deseos

Cada uno de nosotros es un ser complejo, con sueños, deseos e intereses particulares. El sexo y el placer sexual entran dentro de ese conjunto de elementos que nos hacen únicos e irrepetibles. Nuestra orientación sexual se determina a partir de las personas por las que nos sentimos atraídos. La heterosexualidad es tal vez la más abundante y común porque en las sociedades en las que vivimos el concepto de hetero (diferente en latín) es lo que rige con mayor firmeza y poder.

La mayor parte de las personas nace y vive su vida con el mandato social de que debe ser heterosexual y mientras algunas lo sostienen toda su vida porque es en torno a eso que se construyen sus gustos y sus deseos, hay otras personas que en algún momento de su vida rompen con esa idea y eligen sentirse atraídos por personas del mismo sexo. La homosexualidad es aún hoy en día entendida como una enfermedad o un pecado en muchos países del mundo mientras en otros es concebida como un derecho de la persona de autopercibirse como lo sienta y construir su vida en torno a eso.

La construcción de la sexualidad desde el punto de vista privado y público

Cuando hablamos de la sexualidad de una persona, debemos señalar que la misma se elabora teniendo en cuenta dos espacios: el privado, es decir, el que uno tiene en la intimidad; y el público, aquel que se hace presente frente a otros. Aquí la dicotomía entre esos dos ámbitos puede significar un problema importante ya que dependiendo de dónde uno viva, de cómo haya sido educado, de las personas con las que se haya vinculado a lo largo de su vida la coherencia entre esos dos espacios puede ser mayor o menor.

Hay personas que deben mantener una persona pública, que cumpla con ciertas expectativas y mandatos, diferente a la persona que se mantiene en la privacidad. Por otro lado, por suerte son cada vez más las sociedades en las que se reconoce el derecho a que cada uno elija cómo construir su vida sexual siempre y cuando implique consentimiento de la otra parte.

Ambas opciones son elegidas, y los gustos o modos de sentir de una persona no deben nunca ser entendidos como un delito o una deformación.

Imagen Fotolia: jackbox

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