Definición de IPC

El Índice de Precios al Consumo, más conocido por sus siglas IPC, es una medición económica relacionada con los niveles de precios de ciertos productos o servicios que son adquiridos por el conjunto de la sociedad. Este parámetro económico es calculado de manera periódica con el fin de establecer su evolución a lo largo de un periodo de tiempo determinado.

Los responsables de los departamentos de estadística de un estado realizan encuestas en diferentes tipos de negocios y con los datos obtenidos los economistas tienen una idea muy aproximada de la canasta básica de la población.

Los datos obtenidos sobre la canasta básica determinan el IPC

El concepto de canasta básica hace referencia a un conjunto de bienes y servicios que se consideran indispensables para que un individuo o una familia pueda satisfacer sus necesidades básicas a partir de su nivel de ingresos.

Como criterio general, los artículos que se incluyen en la canasta básica son los siguientes: huevos, leche, carne, electricidad y transporte público.

La lista de estos productos puede variar y si los consumidores adquieren una gran cantidad de un nuevo producto, éste es incorporado a la canasta básica.

¿Cómo se calcula el IPC?

Para calcular este indicador se siguen los siguientes pasos:

1- Identificar los productos que conforman la canasta básica y conocer los precios de los mismos.

2- Una vez obtenidos los datos, se estable el costo de la canasta.

3- Se toma como referencia un año base para así comparar el incremento o la disminución de los precios.

4- Tras calcular el IPC de diferentes años, se calcula la tasa de inflación (mientras el IPC es una medida concreta en el nivel de precios, la tasa de inflación es el cambio de los precios expresado en porcentajes con respecto a un periodo anterior).

¿Cuál es su utilidad?

Este indicador mide la evolución del conjunto de precios de aquellos productos más consumidos en una sociedad. De esta manera, es posible calcular si los precios y los salarios se incrementan al mismo nivel. Se trata de una variable útil para calcular los salarios de los trabajadores, para revisar los contratos de arrendamiento de inmuebles o para establecer las pensiones.

Además, el IPC se usa en la política monetaria de los bancos centrales para medir y controlar la inflación. Para que este indicador sea realmente útil es necesario que sea representativo de la población y al mismo tiempo comparable.

Si los precios subieran de manera constante y los salarios no, los ciudadanos perderían poder adquisitivo y como consecuencia de ello dejarían de comprar, lo cual provocaría el cierre de muchas empresas.

Si la tendencia de los precios fuera a la baja, el consumo se frenaría porque los ciudadanos dejarían de comprar a la espera de precios más bajos y esto provocaría igualmente el cierre de las muchas empresas.

Imagen Fotolia. Guillaume

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