Definición de Semana Trágica (Argentina)

Conocida con ese nombre en recuerdo de un evento similar ocurrido diez años antes en Barcelona, la Semana Trágica en la Argentina es uno de los hechos históricos más duros y confusos del siglo XX. Ocurrida en el año 1919, bajo la presidencia de Hipólito Yrigoyen, de origen radical, los eventos ocuparon varios días de la primera semana de enero en el mencionado año, al calor del verano y como consecuencia de las pésimas condiciones laborales de los trabajadores fabriles.

Una dura herencia del período anterior: los inmigrantes y su inserción en el mercado laboral que recién nacía

Una de las primeras aclaraciones que se debe hacer para entender este evento es que si bien el mismo ocurrió durante la primer presidencia del radical Hipólito Yrigoyen, político que llegó al poder con gran apoyo popular, fue una consecuencia directa y explosiva de décadas de maltrato de parte de los anteriores gobiernos de la oligarquía a los sectores trabajadores. Desde fines del siglo XIX y hasta las primeras décadas del siglo XX los trabajadores en las fábricas y en el campo fueron explotados y expuestos a un sinfín de injusticias por parte de quienes poseían el poder político y económico.

En este marco, 1919 señaló un año de profundo desgaste económico y social para un proyecto que se había vuelto severamente dependiente de los destinos de las potencias mundiales. Así, un par de años después de iniciada la Primer Guerra Mundial, la Argentina vio limitados sus mercados así como también la llegada de insumos necesarios para las industrias. El detenimiento de la producción no fue absorbido por los patrones sino por los trabajadores, quienes fueron suspendidos o expuestos a situaciones de extrema fragilidad laboral.

El reclamo apoyado por toda una ciudad: la Semana Trágica, la muerte y la lucha obrera

En 1919, los talleres Vasena, ubicados en el sur de la ciudad de Buenos Aires, entraron en paro debido a la huelga que los obreros decidieron llevar a cabo en reclamo por sus derechos. Exigían a la familia dueña de la fábrica mejores condiciones laborales, pago de las horas extra, reconocimiento de su lucha, reincorporación de los obreros anteriormente despedidos. Al mismo tiempo que los patrones se negaban a escuchar los pedidos de los trabajadores, el Estado mantuvo una actitud de indefinición ante el conflicto, casi de indiferencia.

Así, la escalada prontamente se convirtió en violencia y a lo largo de una semana, la policía y las fuerzas del orden tuvieron a su disposición todos los recursos para reprimir a los obreros, que no contaban más que con sus herramientas de trabajo y su organización colectiva. Lentamente, otros barrios de la ciudad se fueron contagiando del espíritu del reclamo y apoyaron la lucha de los trabajadores de la fábrica. Fue recién una semana después de los eventos, en los que murieron cientos de trabajadores (aunque el número real no se ha determinado oficialmente) que se llegó a un acuerdo y se volvió a recuperar la actividad. La represión policial, además de cruel y violenta, se caracterizó por su negligencia al desarrollarse en las calles de la ciudad sin cuidado y sin precauciones.

Imagen: Fotolia. kronalux

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