Definición de Signo Lingüístico

El signo lingüístico propuesto desde la perspectiva lingüística por Ferdinand de Saussure (1857-1913) a finales del siglo XIX es la unión del concepto y la imagen acústica a los que Saussure llama significado y significante, respectivamente, para establecer una oposición y relación entre ellos, sin poder separarse, dado que son parte de un todo, a lo que representan las dos caras de esa totalidad que es el signo.

Diferencia entre el significado y significante de Saussure

En nuestra comunicación cotidiana, requerimos de palabras para expresar nuestras ideas y comunicarlas a otros, así como para recibir las ideas de los demás. Ferdinand de Saussure propuso que, para referirnos a una idea o término, necesitamos de dos entidades que lo componen: el concepto y la imagen acústica.

Por ejemplo, si yo estoy pensando en una rosa, necesito de dos entidades: el concepto, que es toda la información que yo tengo de esta flor emblemática, reconocida socioculturalmente, en mi pensamiento (imagen, color, olor, figura, etc.), y la representación acústica que, en primera instancia, podría decirse que se refiere a los sonidos que la componen (‘/r/ /o/ /s/ /a/), sin embargo, este último concepto va más allá pues no es necesario vocalizarla para tenerla en el pensamiento, por lo que no se reduce simplemente a la cadena de sonidos, pero sí los incluye.

Características

El primer principio o característica esencial del signo lingüístico es que es arbitrario, es decir, no existe una relación o razón fundada que establezca por qué cierto significante como /pan/ se asocia un determinado significado (“pan”). En este sentido, podemos decir que es inmotivado pues un mismo significado como “gato” puede tener varios significantes como /gato/ y /kæt/, por ejemplo, para una persona que habla más de una lengua, en este caso, español e inglés. Un caso más cercano está relacionado con la dialectología. Cuando en una misma lengua, por ejemplo, el español, designamos de diferente forma un concepto dependiendo del lugar como “plátano” y “banana” o “aguacate” y “palta”.

El segundo principio esencial del signo lingüístico es que su significante es de carácter lineal debido a su naturaleza auditiva, es decir que, tiene una extensión que puede medirse en una sola dimensión. Cuando hablamos podemos ver esa extensión en su forma temporal al escuchar el sonido de un fonema tras otro al pronunciar las palabras, mientras que al escribir podemos ver esa misma extensión representada de forma espacial al trazar una letra tras otra. Esto es especialmente importante porque no es posible unir en un mismo espacio varios conceptos como sí podría pasar, por ejemplo, con señaléticas o símbolos juntos. Para la lengua, es necesario colocar uno tras otro los “ladrillos” que la componen.

El signo lingüístico presenta varias dicotomías u oposiciones que al mismo tiempo se complementan (como el significado y el significante), otra de ellas es la inmutabilidad y mutabilidad. Se dice que los hablantes “construyen” la lengua en el sentido de que somos nosotros quienes la mantenemos viva y conforme cambia nuestra vida, la lengua también cambia.

Por ejemplo, actualmente usamos un verbo que hace un par de décadas no existía: googlear; por lo que, como hablantes, creamos una nueva palabra. Sin embargo, la lengua no está a nuestro placer, no podemos modificarla sólo porque queremos, no nos es posible decir que a partir de mañana en lugar de decir “árbol”, diremos “pardel” para designar al mismo concepto puesto que la lengua, en cierta forma, es una imposición para nosotros.

En este sentido, la lengua es inmutable debido a que no podemos modificarla, es un sistema fijo compuesto de reglas heredadas por los mismos hablantes; y al mismo tiempo, es mutable porque ese sistema fijo sufre alteraciones con el paso del tiempo, algo que Saussure llama desplazamiento de la relación entre el significado y el significante pues los hablantes van agregando o quitando características a esa relación y esta variación puede darse de forma diferente en diferentes lugares. La mayor prueba de ello son las llamadas lenguas romances que proceden del latín como el español, el francés, el italiano y el portugués.

Aunque en un principio sólo existía el latín, con el paso del tiempo cada comunidad fue avanzando de forma diferente a las otras y modificando su lengua de acuerdo a sus necesidades y a las características del lugar donde habitaban.

Para el español tenemos “hablar”, “parler” en francés, “falar” en portugués y “parlare” en italiano, como puedes ver, todas se asemejan, pero son diferentes, este un ejemplo de cómo la relación entre el significado y el significante sufre un desplazamiento, pero sólo podemos verlo con el pasar del tiempo.

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Referencia bibliográfica

Saussure, F. d. (2012). Curso de lingüística general. Buenos Aires: Losada.

Autor

Escrito por Marcelo Jesús Salazar Martínez para la Edición #103 de Definición MX , en 09/2021. Marcelo es licenciado en Lingüística y Literatura Hispánica, actualmente estudia la maestría en Literatura Hispanoamericana con PNCP en la BUAP y se especializa en narrativa fantástica hispanoamericana de los siglos XIX, XX y XXI.

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