Definición del Tesoro de Atahualpa - Captura/Rescate, y Relatos

Ana Somohano
Lic. en Historia

Al referirnos al Tesoro de Atahualpa, hablamos del rescate que el dignatario Inca prometió conceder a los españoles, tras ser apresado por estos, a cambio de su libertad. No obstante, a pesar de haber cumplido con parte del trato, finalmente Atahualpa fue ejecutado. Algunas de las narrativas de aquel suceso afirman que parte del tesoro no fue entregado y que todavía se encuentra escondido en algún lugar de los Andes.

¿Quién fue Atahualpa?

Atahualpa (circa 1500- 1533) fue un noble indígena que ha sido considerado como el último Inca (emperador del Tawantinsuyu). Era hijo del Inca Huayna Cápac y su madre parece haber sido una princesa de la región de Quito. Durante el gobierno de su padre, intervino junto a este y su hermano Ninan Cuyuchi en las campañas militares al norte del Imperio.

En 1527 fallecen de viruela tanto el primogénito de Huayna Cápac, Ninan Cuyuchi, como el propio Inca. A pesar de que los españoles no habían llegado todavía al Tawantinsuyu, la viruela sí había sido introducida por el contacto con las poblaciones situadas más al norte. Antes de fallecer, Huayna Cápac designa como heredero a su hijo Huáscar y el mismo Atahualpa, junto al resto de la nobleza indígena, confirma la sucesión de su hermano tras morir su padre. Atahualpa en ese momento se encontraba en Quito y pide a Huáscar que lo designe gobernador de esta región.

Preocupado por algunas sublevaciones contra él, Huáscar convoca a Atahualpa al Cuzco. Este, sin embargo, temeroso de que fuera una excusa para ejecutarle, opta por la alternativa de enviar a su hermano algunos presentes. El Inca toma esto como una afrenta y, tras torturar a los emisarios, los envía de regreso con presentes ofensivos.

Atahualpa se levanta entonces contra Huáscar y marcha hacia el Cuzco, mientras que Huáscar mandó a su ejército hacia el norte. Se desató entonces una Guerra Civil (la Guerra Civil Incaica) entre ambos hermanos, la cual favorece inicialmente a Huáscar. La ventaja, sin embargo, era de Atahualpa a la llegada de los españoles a tierras incaicas en 1532. La entrada de los españoles se vio facilitada por la Guerra Civil, que había debilitado al Tawantinsuyu.

La captura de Atahualpa y el rescate

El 15 de noviembre de 1532 Francisco Pizarro y sus hombres llegan a Cajamarca, al norte del actual Perú. Acto seguido, Pizarro envió una comisión dirigida por Hernando Pizarro y Hernando de Soto a los baños termales de Pultumarca, lugar situado no lejos de allí y donde se encontraba Atahualpa, para invitarlo a Cajamarca. Al día siguiente Atahualpa parte hacia allá con un numeroso ejército, supuestamente desarmado.

Al llegar a la plaza principal de Cajamarca, el religioso Fray Vicente Valverde lo recibe y le lee el Requerimiento, un procedimiento formal en el que se le pedía aceptar la autoridad del monarca español y del Papa. Atahualpa, tal vez por el desconocimiento de lo que estaba pasando, arroja la Biblia que le ofrece el fraile al suelo. Los españoles presentes atacaron entonces a la comisión incaica, provocando una masacre. Atahualpa fue capturado y recluido en Cajamarca, donde se asentó con algunas comodidades. Durante este tiempo, Huáscar fue asesinado y Atahualpa, aunque nunca fue coronado, se asumió como Inca.

Estando preso, Atahualpa, quien se había dado cuenta del valor que los españoles daban al oro, se ofreció a llenar la habitación donde se encontraba prisionero de objetos de oro, además de doblar esta cantidad en objetos de plata, a cambio de su libertad. La habitación, hoy llamada el Cuarto del Rescate, medía 22 pies de ancho y 17 de ancho. El plazo para reunir el tesoro era de 90 días.

Atahualpa mandó traer objetos de los metales preciosos de todas las partes del imperio y, en mayo de 1533, los españoles comienzan a fundirlos. A mediados de junio, a pesar de que el tesoro no se había terminado de reunir, Pizarro reparte el botín entre los miembros de su ejército, reservando para la Corona el quinto real. Se calcula que el valor del tesoro alcanzaría 1.326.539 pesos de oro y 51.610 marcos de plata.

A pesar del reparto del tesoro, los españoles se encontraban recelosos de dejar libre a Atahualpa, debido a un posible levantamiento. Los rumores sobre una sublevación indígena en Huamachuco aceleran los acontecimientos. El 25 de julio se inició un juicio contra Atahualpa, en la que es acusado de idolatría, herejía, regicidio, fratricidio, poligamia, incesto y traición, y se le ejecutó a morir quemado en la hoguera. Al día siguiente, fue bautizado y ejecutado mediante el garrote vil, procedimiento que permitía que su cuerpo fuera embalsamado según la tradición incaica.

El relato del tesoro de la Llanganates

Es frecuente hoy en día, en el mundo andino, escuchar relatos relacionados con el tesoro de Atahualpa o de los Incas. Estas narraciones afirman que parte de las riquezas que Atahualpa mandó llevar hacia Cajarmarca para pagar su rescate no llegaron a su destino final y que fueron, ante el avance español, escondidas en el paisaje.

Uno de los relatos más sonados es el del Tesoro de la Llanganates, según el cual Rumi Ñahui, capitán y hermano de Atahualpa, habría partido de Quito hacia Cajamarca con parte del tesoro. Antes de llegar se enteró, empero, de que Atahualpa había sido ejecutado, por lo que regresó y tiró el oro en una laguna de la cordillera Llanganates. Más adelante, fue asesinado por los españoles, llevándose con él la ubicación del tesoro. Numerosas personas han intentado ubicarlo desde entonces, destacando la expedición que Luciano Andrade, Tullio Boschetti y Umberto Ré organizaron en 1933-1934 para localizarlo.

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Referencias bibliográficas

• Elmer Robles Ortiz (2014): “Los hechos iniciales de la invasión y conquista del Perú”. Pueblo Continente, vol. 25, n.2. pp. 209-229

• Luciano Andrade Marín (2012 [1936]): Viaje a las misteriosas montañas de Llanganati: expedición italo-ecuatoriana Boschetti-Andrade Marín 1933-1934. Quito, Instituto Metropolotiano de Patrimonio.

Autor

Escrito por Ana Somohano para la Edición #108 de Definición MX , en 02/2022. Ana es historiadora por la Universidad Complutense de Madrid y maestra en Estudios Mesoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha realizado trabajos de investigación en México, Guatemala, Honduras y Perú, y se desempeñó como curadora en el Dpto. de las Américas en el Museo Británico.

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